El oscuro secreto del cosmos: estrellas viejas que engullen planetas enteros
Un estudio reciente ha demostrado que las estrellas envejecidas pueden destruir cuerpos cercanos con una eficiencia mucho mayor de la que se estimaba hasta ahora. El hallazgo, que ha llamado la atención de la comunidad astronómica, abre nuevas líneas de investigación sobre los procesos de eliminación de planetas por parte de gigantes rojas.

En la fase final de su vida, una estrella agota el hidrógeno de su núcleo, detiene las reacciones nucleares que convierten el hidrógeno en helio y comienza a contraerse. Mientras el núcleo se colapsa, las capas externas, aún ricas en hidrógeno, continúan fusionándolo, lo que genera una liberación de energía que hace que la envoltura estelar se expanda enormemente, convirtiéndose en una gigante roja. Este proceso puede aumentar el radio estelar hasta mil veces el de su tamaño original, poniendo en riesgo a los planetas que orbitan cerca.
Resultados del estudio sobre gigantes rojas y exoplanetas
El trabajo, liderado por los astrónomos Edward M. Bryant (University College London) y Vincent Van Eylen (University of Warwick), aplicó un algoritmo a una muestra de casi medio millón de sistemas estelares observados por el telescopio espacial TESS (Transiting Exoplanet Survey Satellite). De esa población, se identificaron 130 exoplanetas que orbitan alrededor de estrellas en fase de gigante roja o que están a punto de entrar en esa etapa.
El hallazgo más significativo es que la probabilidad de encontrar un planeta alrededor de una estrella vieja es apenas del 0,11 %, tres veces menor que la de localizar planetas en estrellas que aún no han alcanzado la fase de gigante roja. Además, los autores sugieren que la destrucción de los planetas no se limita a la simple inmersión en la atmósfera expandida; las intensas fuerzas de marea pueden hacer que la órbita del planeta se contraiga, provocando una espiral fatal hacia la estrella.
El estudio, publicado en la revista Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, se centró en planetas gigantes situados muy cerca de sus estrellas anfitrionas. Por ello, sus conclusiones no pueden extrapolarse directamente al caso de la Tierra, aunque ofrecen indicios valiosos sobre los riesgos que enfrenta nuestro planeta cuando el Sol se convierta en una gigante roja dentro de aproximadamente 5 000 millones de años.
En ese escenario, Mercurio y Venus serán engullidos sin duda, y la Tierra podría sufrir una intensa radiación solar que evaporaría los océanos y elevaría la temperatura a niveles incompatibles con la vida. Sin embargo, regiones más alejadas del sistema solar podrían experimentar un aumento de temperatura que haga más templado su entorno, abriendo la posibilidad de que la vida se desarrolle en cuerpos que hoy son extremadamente fríos.
Aunque algunos planetas podrían sobrevivir al proceso de expansión estelar, la mayoría se verá arrasada por la combinación de inmersión directa y efectos de marea. Los investigadores destacan la necesidad de ampliar la muestra de sistemas observados y de refinar los modelos de interacción estrella‑planeta para comprender mejor los mecanismos de destrucción y los casos de supervivencia.

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