Paloma García, psicopedagoga: "En lugar de juguetes, regalar experiencias a los niños genera en ellos conexión emocional duradera"
Los niños reciben cada vez más juguetes, pero su interés por ellos disminuye y sus vínculos emocionales se dispersan. En la época navideña, la ilusión de abrir regalos se ha convertido en un proceso rápido: muchos padres observan que sus hijos apenas miran el envoltorio antes de pasar al siguiente, generando una cena caótica y una preocupación por el descontrol emocional.
En respuesta a esta situación, la psicóloga y psicopedagoga Paloma García Aranda, tutora en la plataforma TusClasesParticulares, propone una alternativa más constructiva: sustituir los juguetes tradicionales por experiencias que dejen una huella emocional duradera.
Regalar experiencias en lugar de objetos
Según la experta, “las fiestas suponen una sobrecarga emocional para casi todos los niños”. La Navidad rompe rutinas, incrementa los estímulos y genera expectativas que no siempre se cumplen, lo que puede desencadenar desregulación emocional: llantos inexplicables, irritabilidad, cansancio excesivo y conductas regresivas.
Para mitigar estos efectos, Paloma García Aranda recomienda adaptar la celebración a las necesidades del niño, manteniendo sus rutinas básicas de alimentación y sueño, anticipando los cambios, respetando sus límites, validando sus emociones y reduciendo los compromisos sociales cuando resulten excesivos.
“Un regalo no es solo un objeto, es un mensaje sobre lo que esperamos de ese niño”, afirma la psicopedagoga. El exceso de regalos produce saturación cognitiva y emocional, dificulta la capacidad de elegir y profundizar en el juego, y reduce la tolerancia a la espera y a la frustración, habilidades esenciales para el desarrollo.
Entre los regalos que desaconseja están las pantallas, los juguetes excesivamente estimulantes o invasivos, aquellos que no se ajustan a la edad del niño y los que promueven un consumismo sin límites.
La frustración es inevitable en estas fechas, pero, según la experta, “no debe eliminarse, sino acompañarse”. Ayudar al niño a identificar sus sentimientos y sostener su emoción sin resolverla de inmediato constituye una valiosa oportunidad de aprendizaje emocional.
Las experiencias, a diferencia de muchos juguetes cuya novedad se desvanece rápidamente, generan huellas emocionales duraderas. Regalar una actividad puede marcar el tono del nuevo año e incentivar a los niños a descubrir una habilidad o hobby, fortaleciendo su autoestima.
“Iniciar el año con un aprendizaje nuevo refuerza la autoconfianza, porque los niños se perciben capaces y protagonistas de su propio desarrollo”, explica Aranda. A largo plazo, estas vivencias alimentan la motivación intrínseca, construyen una narrativa personal positiva y enriquecen el desarrollo emocional y cognitivo.
El exceso de regalos materiales puede provocar que los niños no valoren lo que tienen y que la ilusión sea efímera. Además, demasiados juguetes dificultan la concentración y la creatividad.
Para que una experiencia resulte tan atractiva como un juguete de Papá Noel o los Reyes Magos, la presentación es clave: un envoltorio especial, un mapa del lugar, una foto del hobby o un pequeño objeto simbólico (una púa para guitarra, un delantal para cocina) pueden anticipar el momento. Marcar la fecha en un calendario, preparar juntos los materiales o visitar el espacio son ideas que aumentan la expectación.
Cuando las experiencias se comparten con familiares o figuras de referencia, el beneficio se multiplica, fortaleciendo el apego y la sensación de seguridad emocional. Entre los beneficios a largo plazo destacan el refuerzo del vínculo afectivo, la mejora de la regulación emocional, el fomento de la autoestima, la reducción del enfoque materialista y la creación de recuerdos emocionales positivos que perdurarán.

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