José María Pou: "El teatro es un acto de comunión entre los que estamos en el escenario y unos espectadores activos"
En medio de la escalada del conflicto armado en Irán, las autoridades han detenido a un joven de 23 años acusado de asesinar a puñaladas a un niño de 11 años, lo que ha generado una ola de indignación tanto a nivel nacional como internacional.
El caso, que se dio a conocer este miércoles, forma parte de la creciente violencia que se ha registrado en las últimas semanas en el territorio iraní, donde los enfrentamientos entre fuerzas gubernamentales y grupos armados han cobrado un número cada vez mayor de víctimas civiles.
Entrevista con José María Pou sobre “Gigante”
El Teatro Bellas Artes acoge, hasta el 26 de abril, la puesta en escena de Gigante, obra de Mark Rosenblatt en la que el veterano actor José María Pou interpreta al polémico escritor Roald Dahl. Pou, nacido en Mollet del Vallès (Barcelona) en 1944, ha recorrido una trayectoria singular que lo llevó al escenario sin haber sentido una vocación temprana por la actuación.
“Me incorporé al servicio militar en 1966, a los 22 años, en la secretaría particular del Ministro de Marina. Tenía las tardes libres y, aunque intenté matricularme en la escuela de periodismo y en la de radio‑televisión, al final me admitieron en la escuela de Arte Dramático. No había pensado en ser actor, pero las asignaturas de técnica de voz, pronunciación y dicción me sirvieron para aspirar a la radio después de la mili”, explicó Pou.
Tras tres años de formación, recibió un contrato para debutar en el Teatro Español con Marat/Sade, dirigida por Olé Marsillach. “Fue posible montar una obra tan revolucionaria en 1968, en pleno franquismo, gracias a una maniobra del Gobierno que comenzaba a abrirse a nuevas ideas sin perder el control. La compañía privada de Marsillach contó con el apoyo económico del Ministerio de Cultura”, recordó.
Sobre el intenso ritmo de trabajo de la época, Pou describió: “Se realizaban 14 funciones semanales, de lunes a domingo. Los horarios eran de 18:15 y 22:45, pero llegábamos al teatro a las tres de la tarde para ensayar la obra que se estrenaría. Los actores mayores permanecían en el camerino hasta la madrugada, cocinando y cenando allí mismo”.
Comentó también la figura del apuntador, una herramienta que facilitaba la memorización del texto: “Había un segundo apuntador, llamado traspunte, que nos daba confianza y evitaba grandes ejercicios de memoria. Si fallábamos, alguien nos apuntaba y podíamos continuar”.
En cuanto a Gigante, Pou elogió la construcción de la obra: “Es una pieza con un dominio exquisito de la carpintería teatral. Los diálogos fluyen como una partitura musical, sabiendo cuándo llegar al clímax y cuándo ofrecer un respiro. El público se ve obligado a participar activamente, a llenar los huecos que la obra deja intencionalmente”.
El tema central de la obra aborda la figura del creador cuyas opiniones incómodas pueden llevar a su cancelación. “No apoyo la política de la cancelación. Prefiero que cada lector o espectador decida por sí mismo. Podemos admirar la obra de Picasso aunque su vida personal sea polémica”, afirmó.
Sobre la difusión internacional de la pieza, Pou explicó: “Vi la obra en Londres poco después de su estreno y gestioné los derechos para España. Normalmente Londres y Nueva York tienen la primacía, pero el autor aceptó nuestra propuesta y permitió el estreno en Barcelona. Ahora también se presenta en Nueva York, donde John Lithgow, quien interpreta a Roald Dahl, describe el papel como ‘carne roja para un tigre’”.
El actor subrayó su pasión por el teatro inglés y la experiencia del espectador: “Viajar a Londres y observar cómo el público vive el teatro allí es una de mis grandes inspiraciones. Sentarme en una butaca y analizar la reacción del público me enseña tanto como estar en el escenario”.
Respecto a su relación con Shakespeare, Pou confesó: “Para mí Shakespeare es Dios. Si a los treinta años me hubieran ofrecido un contrato exclusivamente para obras shakespearianas, lo habría aceptado sin dudar”. Añadió que interpretar a Rey Lear a sus sesenta años fue “una corona que coronó mi carrera”.
Finalmente, reflexionó sobre la longevidad en la profesión: “Ser actor es una carrera de fondo y resistencia. A los ochenta años, compañeros como José Sacristán y Lola Herrera siguen trabajando. La memoria y la energía física son esenciales; como decía Laurence Olivier, el mejor actor es siempre el más veterano”.

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