España sigue "soñando" y lidera la creación de un ejército europeo que los analistas ven inevitable... pero ahora poco factible

El Gobierno español anunció que dividirá el proyecto de reforma de las pensiones en varios tramos para facilitar su aprobación parlamentaria, una medida que busca sortear los obstáculos legislativos y acelerar la puesta en marcha de los cambios previstos.

En el plano internacional, Estados Unidos e Irán han acordado reunirse este viernes en Estambul, una cita que se produce tras las recientes declaraciones de amenaza del expresidente estadounidense Donald Trump y que pretende abrir un canal de diálogo en medio de las crecientes tensiones regionales.

Un Ejército Europeo: ¿realidad o quimera?

La cuestión de la autonomía estratégica de la Unión Europea se ha convertido en un tema central en la agenda de Bruselas. El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, ha recordado a los dirigentes europeos que la defensa del continente no puede depender exclusivamente de los Estados Unidos, lo que ha alimentado el debate sobre la viabilidad de un ejército europeo conjunto.

Según los datos recopilados por los Centros de Documentación Europea, entre 2021 y 2024 el gasto en defensa de los 27 Estados miembros de la UE aumentó más de un 30 %, alcanzando los 326 000 millones de euros (aproximadamente 354 000 millones de dólares) en 2024, lo que representa el 1,9 % del PIB comunitario. La propuesta para el Marco Financiero Plurianual 2028‑2034 contempla una inversión adicional de 131 000 millones de euros en el sector aeroespacial y de defensa.

Si se suman los recursos militares de los países miembros (excluyendo al Reino Unido), la UE se posicionaría como la segunda potencia militar mundial. El bloque cuenta con cerca de cinco millones de efectivos, de los cuales aproximadamente 1,45 millones forman parte de los ejércitos nacionales. Entre sus activos destacan más de 3 100 tanques, alrededor de 7 000 aeronaves (cazas, bombarderos y transportes) y una flota naval compuesta por fragatas y submarinos, entre los que se incluyen los buques españoles Isaac Peral y Galerna.

En materia nuclear, Europa posee dos potencias: Francia, con unas 290 ojivas, y el Reino Unido, con unas 225, ambas con sistemas de lanzamiento desde submarinos y plataformas aéreas.

Max Bergmann, director del Programa para Europa, Rusia y Eurasia del Centro Stuart de Estudios Euroatlánticos, señala que una fuerza militar europea tendría que centrarse principalmente en la defensa del territorio propio, lo que reduciría los obstáculos políticos tradicionales. El marco jurídico actual, incluido el artículo 42.7 del Tratado de la UE, permite la creación de una fuerza común y la financiación conjunta de equipamiento militar.

Desde el punto de vista operativo, la Comisión Europea está trabajando en una “zona Schengen militar” que permitiría la movilización de tropas y material bélico en tiempo récord: tres días en situaciones de paz y unas pocas horas en caso de emergencia. Actualmente, algunos Estados requieren un preaviso de 45 días para el tránsito de equipos militares por su territorio, plazos que la UE pretende acortar mediante una mayor coordinación con la OTAN.

El comisario de Defensa, Andrius Kubilius, ha estimado que, para responder de forma unificada a los retos globales, la UE necesitaría alrededor de 100 000 soldados bajo un mando integrado. Sin embargo, analistas como Daniel Gil de The Political Room advierten que la desaparición de los ejércitos nacionales es poco probable a corto o medio plazo y que lo más realista sería reforzar los proyectos existentes, como los Battle Groups y la Fuerza de Respuesta Rápida de 5 000 efectivos creada tras la retirada de EE. UU. de Afganistán.

España ha manifestado su intención de liderar la iniciativa de un ejército europeo. El presidente Pedro Sánchez, en 2025, defendió la necesidad de una política de seguridad y defensa común con financiación única, idea que el ministro de Exteriores José Manuel Albares ha reiterado, subrayando que la soberanía europea no es antitética a la seguridad euroatlántica. Polonia y Francia también expresan su apoyo a una mayor autonomía defensiva, mientras que figuras como la alta representante de la UE, Kaja Kallas, y gobiernos tradicionales atlantistas como Italia y Hungría advierten sobre la complejidad de crear una fuerza independiente que no interfiera con la estructura de la OTAN.

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