El bar donde Torrente se hizo presidente y Santiago Segura filmó su última locura
La recién estrenada película *Torrente, presidente* (2026), sexta entrega de la popular saga protagonizada y dirigida por Santiago Segura, se ha convertido en un fenómeno cinematográfico en España. Con más de 16 millones de euros recaudados en menos de dos semanas desde su estreno, la cinta ya se perfila como una de las más taquilleras del cine nacional en la historia del país. Además de contar con numerosos cameos, entre ellos figuras internacionales de Hollywood, el largometraje ha llamado la atención por sus escenarios, especialmente uno que ha captado el interés del público: un auténtico bar madrileño convertido en escenario clave de la trama.

El bar de La Ventilla que se convirtió en escenario de cine
El lugar en cuestión es el Bar Benito, un establecimiento familiar ubicado en el barrio de La Ventilla, en el distrito de Tetuán, Madrid. Este local, conocido por su ambiente tradicional y su clientela fiel, ha sido testigo de varias escenas fundamentales en la nueva entrega de la saga. Su decoración rústica, con toques de otros tiempos, y su aire auténticamente madrileño lo convirtieron en el escenario perfecto para plasmar la esencia del personaje interpretado por Segura.
El Bar Benito lleva años siendo un punto de encuentro para los vecinos de la zona, famoso por su comida casera y su trato cercano. Su apariencia, fiel a los bares de barrio que han resistido al paso del tiempo, encajó a la perfección con la estética que buscaba la producción. No es casualidad que Santiago Segura eligiera este lugar: su atmósfera evoca la misma caricatura de realidad que ha caracterizado a la saga desde sus inicios.
Un rodaje que marcó al barrio

- Durante los días de grabación, el entorno del local se transformó momentáneamente en plató cinematográfico.
- Los propios clientes del bar tuvieron la oportunidad de participar como figurantes en algunas escenas.
- En las redes sociales del establecimiento se han compartido fotos y anécdotas del rodaje, generando un notable interés entre los seguidores de la película.
El impacto de la película ha llevado a que el Bar Benito se convierta en un punto de interés turístico para los fans del actor y director. Lo que antes era un rincón desconocido fuera del ámbito local, ahora atrae a curiosos que buscan revivir momentos de la cinta en el lugar exacto donde fueron filmados. Este fenómeno refuerza el papel que tienen los espacios cotidianos en la creación cinematográfica, y cómo, gracias al cine, pueden trascender su entorno inmediato.

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