Científicos desmontan una de las grandes teorías de Stonehenge: así se movieron las piedras

Un estudio reciente publicado en la revista Nature Communications Earth and Environment ha puesto en entredicho la hipótesis tradicional que atribuía el traslado de los megalitos de Stonehenge a la acción de los glaciares durante la última glaciación. Según los investigadores, los bloques de piedra fueron seleccionados y transportados deliberadamente por los constructores prehistóricos, lo que revela una sorprendente capacidad técnica y organizativa hace más de 5.000 años.

Nuevo estudio cuestiona la teoría del transporte glaciar

Anthony Clarke y Christopher Kirkland, autores de un artículo publicado en The Conversation, explican que la investigación se centró en examinar la validez de la llamada “teoría del transporte glaciar”, que sostenía que los glaciares habían depositado los monolitos en la llanura de Salisbury, facilitando su posterior uso en la construcción de Stonehenge.

Para probar sus ideas, los científicos recopilaron muestras de arena de varios ríos cercanos al monumento y analizaron más de 700 granos de circón y apatito. Estos minerales funcionan como indicadores geológicos, ya que preservan información sobre la edad y el origen de las rocas de las que provienen.

Los resultados revelaron que la mayoría de los granos de circón datan de entre 1.700 y 1.100 millones de años, vinculándose a formaciones sedimentarias del sur de Inglaterra. Por otro lado, los granos de apatito mostraron edades cercanas a los 60 millones de años, correspondientes a una época en la que la zona estaba cubierta por un mar poco profundo.

Estas dataciones no coinciden con las características geológicas de Gales occidental ni con las de las áreas del norte de Gran Bretaña, regiones que, de haber sido transportadas por glaciares, habrían dejado un registro mineral distintivo. La ausencia de dicho rastro sugiere que los glaciares no alcanzaron la zona de Stonehenge durante la última Edad de Hielo.

Los autores concluyen que todos los datos apuntan a una movilización intencional de los bloques por parte de los humanos, lo que subraya la notable capacidad organizativa y tecnológica de sus constructores. Este hallazgo abre nuevas perspectivas sobre la manera en que se erigieron uno de los monumentos prehistóricos más emblemáticos del mundo.

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