La IA también amenaza con sustituir a los 'influencers' de carne y hueso: "Desde que uso un avatar, voy a mil nuevos seguidores al día"
Los avatares creados con inteligencia artificial (IA) están irrumpiendo en el mercado de los influencers gracias a su bajo coste y gran escalabilidad, aunque también plantean riesgos de engaño, pérdida de autenticidad y saturación de contenido vacío.
Max Kut, videógrafo profesional que durante tres años combinó su trabajo con la actividad de creador de contenidos, decidió en marzo de 2024 sustituir su imagen por la de un avatar que él mismo diseñó con IA. El personaje, llamado Aria, es una joven de pelo moreno y ojos claros que ahora gestiona la cuenta de redes sociales del creador.
El impacto de Aria y el crecimiento de los avatares IA
“Durante un mes publiqué exclusivamente con Aria y, desde entonces, abandoné mi cuenta personal. Con ella he conseguido, en apenas 28 días, los 100.000 seguidores que me llevaron tres años alcanzar con mi propia imagen”, afirma Kut, de 31 años, con una década de experiencia en producción y edición de vídeo.
Según sus propias estadísticas, la cuenta de Aria gana casi 1.000 seguidores al día, una velocidad que supera ampliamente la que Kut lograba como influencer humano. El caso de Aria se enmarca dentro de una tendencia que comenzó con Lil Miquela y que ha visto aparecer a personajes ficticios como Alba Renai o Aitana López, todos ellos mujeres jóvenes con apariencia normativa.
En 2024 se popularizaron herramientas de uso sencillo, como Opus de Anthropic, que democratizaron la creación de avatares hiperrealistas. En 2023, más de la mitad de los usuarios de Instagram y TikTok seguían a algún influencer de IA, y la avalancha de cuentas virtuales no muestra señales de detenerse.
El sector prevé una facturación global de 28.000 millones de dólares para 2025, según el Influencer Marketing Hub. Además, casi el 75 % de los profesionales del marketing encuestados consideran que la IA permitirá automatizar gran parte del marketing de influencers.
Gonzalo Cebrián, CEO de la agencia de marketing de influencers Le Guide Noir, anticipa que “los avatares de IA acabarán ocupando una mayor porción del mercado que los humanos, porque pueden trabajar sin descanso, generar contenido a medida y reducir costes”. Añade que, al final, el consumidor será quien determine el éxito de estas nuevas figuras.
Para los creadores, la aparición de cursos sobre cómo generar y monetizar avatares ha sido una consecuencia directa. La mayoría de estos programas son anunciados por mujeres jóvenes, a menudo sexualizadas y, en muchos casos, también creadas con IA. Los precios pueden llegar a varios miles de euros.
En contraste, el curso ofrecido por Aria tiene un enfoque accesible: por 150 euros enseña los fundamentos para crear un avatar básico, sin requerir conocimientos avanzados. “Solo necesitas saber usar Canva y navegar por internet; lo más complicado será editar un vídeo que mantenga a la audiencia interesada”, explica Kut.
Para las marcas, la ventaja económica es evidente. Un influencer humano con 300.000 seguidores suele cobrar alrededor de 2.000 euros por una publicación y una historia, mientras que un avatar puede generar múltiples versiones de una misma pieza visual sin costes adicionales, reduciendo el precio a la mitad o menos.
Sin embargo, la transición a avatares no está exenta de riesgos. El caso de Jessica Foster, una supuesta influencer que acompañó al presidente de Estados Unidos en redes sociales, mostró cómo la falta de transparencia puede generar polémica. Tras una investigación del Washington Post que reveló su naturaleza virtual, su cuenta fue cerrada.
Neus Soler, profesora colaboradora de la Universidad Oberta de Catalunya, destaca que “controlar la identidad del avatar permite alinearla perfectamente con los valores de la marca, pero se pierde la espontaneidad y la autenticidad que aporta una persona real”. Advierte que, si el público descubre el engaño, la reputación de la marca puede verse gravemente afectada.
Max Kut ha intentado evitar ese escenario etiquetando de forma clara todo el contenido de Aria como “generado por IA”. No obstante, algunos usuarios aún confunden al avatar con una persona real, lo que subraya la necesidad de una mayor educación digital y de regulaciones más estrictas que obliguen a identificar el origen de los contenidos.
Incluso los avatares más exitosos, como Aitana López, comienzan a mostrar signos de agotamiento si su contenido se limita a la estética sin aportar valor. Kut señala que “un avatar debe tener un objetivo concreto y servir a la audiencia; de lo contrario, solo producirá contenido bonito que no genera compromiso”.

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