Israel desata guerra silenciosa en Irán para derrocar al régimen
Las fuerzas israelíes han intensificado su campaña de ataques de precisión contra la cúpula del régimen iraní, eliminando a varios de sus líderes más prominentes en una estrategia diseñada para debilitar estructuralmente al Estado islámico. Entre los fallecidos figuran figuras clave como Soleimani, comandante de la milicia Basij encargada de la represión interna; Jatib, responsable de la estrategia de proyección de poder regional; y Larijani, hasta hace poco jefe de seguridad del régimen y considerado una pieza fundamental en la sucesión tras la muerte del líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei. Estos asesinatos se suman a la ya confirmada eliminación del propio Jamenei y decenas de altos mandos militares en una ofensiva conjunta con Estados Unidos que marcó el inicio del conflicto en la región.

Estrategia de “descabezamiento” contra la República Islámica
El gobierno israelí ha reconocido abiertamente su objetivo: desestabilizar al régimen iraní hasta provocar su colapso interno. “Estamos debilitando a este régimen con la esperanza de darle al pueblo iraní la oportunidad de derrocarlo”, afirmó el primer ministro Benjamin Netanyahu en una declaración reciente. “No sucederá de inmediato ni será fácil. Pero si perseveramos, les daremos la posibilidad de tomar las riendas de su destino”, añadió. Esta estrategia, que se coordina estrechamente con Estados Unidos, divide las responsabilidades: mientras Washington se enfoca en destruir capacidades militares e industriales clave, Israel prioriza el ataque selectivo contra la élite política, religiosa y de seguridad del régimen.
Según fuentes consultadas por medios internacionales, las fuerzas israelíes operan con amplia autonomía en esta campaña. El ministro de Defensa, Israel Katz, reveló que las Fuerzas Armadas tienen autorización para ejecutar operaciones contra altos cargos iraníes sin requerir aprobación directa del primer ministro, lo que refleja un enfoque descentralizado y de alta intensidad.
Un modelo ya aplicado en Gaza y Líbano

- La táctica de “descabezamiento” no es nueva: fue empleada con éxito parcial contra Hamás en Gaza, donde líderes como Ismail Haniyeh, los hermanos Sinwar y Saleh al-Arouri fueron eliminados en operaciones de inteligencia y precisión militar durante 2024.
- En el Líbano, el asesinato del líder de Hezbolá, Hassan Nasrallah, logró debilitar a la milicia, aunque no rompió su estructura central.
- En Irán, sin embargo, el desafío es de magnitud superior: la República Islámica cuenta con una red de poder profundamente arraigada, respaldada por la Guardia Revolucionaria, milicias afines y un aparato represivo altamente coordinado.
Desde el comienzo del conflicto, Israel ha atacado miles de objetivos estratégicos en Irán, incluyendo sedes de la Guardia Revolucionaria, centros de comando y líderes religiosos vinculados al régimen. La intención es no solo eliminar figuras actuales, sino sabotear los mecanismos de sucesión y generar caos en la cadena de mando.
¿Puede caer el régimen?
Pese a los reiterados golpes, expertos en seguridad regional expresan escepticismo sobre la viabilidad de un colapso político interno. La estructura del régimen, compuesta por instituciones religiosas, militares y de inteligencia entrelazadas, está diseñada para resistir crisis de liderazgo. Además, el contexto bélico ha permitido al gobierno iraní justificar una represión aún más severa contra cualquier signo de disidencia.
El ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, subrayó en una entrevista con Al Jazeera que “la presencia o ausencia de un solo individuo no afecta a esta estructura”. Y los hechos parecen respaldar esa afirmación: las protestas masivas de diciembre y enero, que dejaron varios miles de muertos tras una feroz represión, evidenciaron la capacidad del régimen para mantener el control incluso en momentos de alta tensión social.
Para analistas como Farzin Nadimi, del Washington Institute, la ofensiva aérea de Israel y Estados Unidos, aunque letal, difícilmente logrará imponer un cambio de régimen desde el exterior. “Pueden causar estragos, pero no cuestionar la continuidad del sistema desde el aire. Eso, en sí mismo, sería una victoria para el régimen”, señaló.
En ausencia de una insurrección popular o una fractura interna significativa, el conflicto en Oriente Próximo podría prolongarse indefinidamente. Irán continúa respondiendo con represalias a través de sus aliados en la región, mientras el estrecho de Ormuz se mantiene como zona de alta tensión, afectando gravemente al comercio global. La pregunta ahora no es solo si el régimen iraní sobrevivirá, sino cuánto tiempo estarán dispuestos Israel y Estados Unidos a mantener una guerra de desgaste sin un camino claro hacia la victoria estratégica.

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