Artesanos y vendedores del damasquinado a mano celebran la designación como BIC: "Es esencial que se identifique el tradicional"
El 14 de enero la Junta de Castilla‑La Mancha declaró el damasquino de Toledo como Bien de Interés Cultural (BIC), un reconocimiento que, según los artesanos locales, supone el primer paso para salvaguardar una técnica artesanal que corre el riesgo de desaparecer.

El damasquino: una joya artesanal en peligro de extinción
El damasquino es una laboriosa técnica que transforma una pequeña placa de acero blando en una pieza de joyería mediante un proceso que incluye baño en ácido, incrustación de hilo y láminas de oro de 24 quilates, martillado, inmersión en sosa cáustica y nitrato de potasa y, finalmente, el detallado trabajo con cinceles para “sacar brillos”. El resultado son colgantes, pendientes, anillos y otros adornos de gran belleza.
Julián Simón, propietario de una de las dos tiendas de Toledo que sólo venden damasquinos hechos a mano, explica que una pieza sencilla con motivos florales requiere alrededor de seis horas de trabajo y se comercializa a 74 €, un precio que, a su juicio, refleja el tiempo invertido. “Cuando el diseño es geométrico la técnica es más compleja, por lo que el precio aumenta”, añade.
Según los artesanos, aproximadamente el 70 % del damasquino que se exhibe en las vitrinas toledanas está fabricado por máquinas, mientras que solo el 30 % corresponde a piezas elaboradas a mano. La proliferación de técnicas de imitación, como el damasquino de electrólisis, ha impulsado la oferta de productos más baratos, aunque con menor calidad y valor artesanal.
“No se trata de souvenirs, son joyas, no bisutería”, insiste Julián mientras atiende a visitantes internacionales mediante una aplicación de traducción simultánea. Sin embargo, el precio suele alejar a los turistas que buscan recuerdos económicos, lo que evidencia la falta de conocimiento sobre la verdadera naturaleza del damasquino.
José Antonio Esteban Mateos, artesano y propietario de la otra tienda que mantiene la venta exclusiva de damasquinos hechos a mano, coincide en la necesidad de distinguir claramente los productos. “El damasquino, como tal, es hecho a mano; los artículos fabricados a máquina deben identificarse como ‘manufacturo’ o ‘artesanal’, para evitar confusiones”, señala.
Los artesanos critican la redacción del decreto publicado en el Boletín regional, que protege el damasquino como “bien inmaterial” sin delimitar con precisión el ámbito de la protección. La Fundación Damasquino de Toledo y la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de la ciudad defienden que la normativa debe amparar únicamente la técnica decorativa artesanal, mientras que otras asociaciones del sector productivo consideran que todas las manifestaciones, incluidas las industriales, deberían estar cubiertas.
Ante este escenario, los artesanos proponen una serie de medidas para garantizar la autenticidad y la supervivencia del oficio:
- Etiquetas homologadas que diferencien de forma clara los productos hechos a mano de los fabricados a máquina.
- Inspecciones por parte de técnicos especializados para asegurar el cumplimiento de la identificación.
- Ayudas económicas a los talleres tradicionales, como exenciones fiscales y subvenciones para la formación de aprendices.
- Fomento de la transmisión intergeneracional, con la incorporación de nuevos artesanos como Marco, hijo de Julián, que ya colabora en la tienda.
El reconocimiento como BIC ha sido recibido con orgullo por los artesanos, pero también con la certeza de que queda mucho por hacer. “Es un reconocimiento, no un premio”, afirma Julián Simón, recordando que la verdadera protección pasa por apoyar a los talleres que mantienen viva la tradición.

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