La vida de los españoles en la "distopía" de Minnesota: "Salgo a la calle con pasaporte, el ICE puede arrestarme solo por mi apellido"

Una semana después del tiroteo que dejó muerto a Alex Pretti a manos de agentes del Servicio de Control de Inmigración (ICE), la tensión y el temor continúan afectando a la comunidad española que reside en el área metropolitana de Minneapolis‑St. Paul, en el estado de Minnesota. Las patrullas migratorias, que intensificaron sus operativos tras el incidente, han generado un clima de incertidumbre que repercute en la vida cotidiana de residentes, trabajadores y estudiantes.

Testimonios de españoles residentes en Minnesota

Mónica, profesora de secundaria con 18 años de experiencia en St. Paul, describe la situación como “una vergüenza que en un país que se autodenomina ‘tierra de libertades’ tengamos que salir a la calle con el pasaporte por miedo”. Añade que la población española está “estresada, asustada e indignada” porque, según ella, el gobierno ignora la realidad que están viviendo.

José Carlos, sanitario de 37 años originario de Sevilla, relata que “no duermo bien” y que la presencia de ICE lo obliga a llevar siempre su documentación estadounidense y su pasaporte español. “Mi acento me delata; aunque mi piel no sea un factor, el perfil al que apuntan los agentes es arbitrario”, explica.

Raquel (nombre ficticio), ingeniera de 60 años, señala que los episodios de detención son “cosas que ni en una película”. Recuerda una madrugada en la que el marido de una amiga latina fue detenido frente a sus hijos, con la amenaza de “despedirse de su hijo”.

Otra residente, identificada como M.R., profesora de primaria, comenta que la comunidad latina y africana, especialmente somalí, vive con el temor constante de ser detenida o de que sus permisos de trabajo sean revocados. “Muchas familias han dejado de comprar en la calle; dependen de conocidos o de sus hijos nacidos aquí para hacer la compra”, afirma.

Los testimonios coinciden en describir un cambio drástico en la rutina diaria: mayor precaución al conducir, vigilancia constante de los vehículos de la policía migratoria y la adopción de sistemas de alerta comunitaria, como silbatos y la aplicación web “Minneapolis ICE Out”, donde los usuarios marcan la ubicación de patrullas para evitar esas zonas.

El impacto también se extiende al ámbito educativo. M.R. relata que la escuela donde trabaja tuvo que activar el protocolo “shelter‑in‑place” cuando agentes de ICE se acercaron al patio del centro. “Los niños estaban asustados; algunos dejaron de asistir a clases por miedo a que los agentes entraran en la escuela”, señala.

En el sector comercial, muchos negocios latinos y de otros inmigrantes han cerrado temporalmente para proteger a sus empleados. El teletrabajo y las compras en línea se han convertido en alternativas habituales para evitar la exposición a las patrullas migratorias.

Ante la adversidad, la comunidad ha respondido con solidaridad. Vecinos recogen y entregan alimentos, lavan ropa, y ofrecen ayuda a familias que se encuentran aisladas en sus hogares. “Se te rompe el corazón y sientes la necesidad de ayudar”, afirma José Carlos.

Las autoridades locales están bajo presión para buscar una solución. Tras la salida del comandante Greg Bovino, designado por la administración federal como responsable de las “brigadas migratorias”, el gobernador Tim Walz y representantes estatales mantienen conversaciones con la Casa Blanca. El objetivo, según declaraciones de funcionarios federales, es reducir el número de operativos masivos y pasar a “redadas dirigidas a objetivos específicos” que representen una amenaza para la seguridad pública.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Subir