San Antero, santoral del 3 de enero
El pontífice Antero I, cuyo papado duró apenas cuarenta y tres días, del 21 de noviembre de 235 al 3 de enero de 236, quedó marcado en la historia de la Iglesia por una labor silenciosa pero decisiva: la recopilación de las actas de los mártires durante la intensa persecución instaurada por el emperador Maximino el Tracio.

Un papado de supervivencia y memoria
Nombrado en medio de un clima de terror absoluto, Antero, de origen griego —probablemente nacido en la región de la Magna Grecia, hoy Calabria— asumió el cargo sabiendo que la cabeza visible de la comunidad cristiana estaba bajo la mira del poder imperial. Sin tiempo para reformas ni celebraciones, su principal objetivo fue preservar la memoria de los cristianos perseguidos, ordenando a los notarios que recorrieran Roma documentando juicios y ejecuciones. Este trabajo de archivista, realizado en la clandestinidad de las catacumbas, ha sido la clave para conocer la magnitud de las primeras persecuciones.
Su vida, tan breve como una vela al viento, se apagó el 3 de enero de 236, probablemente como mártir por la misma decisión de registrar los hechos de la persecución. Algunas versiones modernas sugieren que el agotamiento y las duras condiciones de la clandestinidad también pudieron contribuir a su muerte.
Tras su fallecimiento, Antero fue sepultado en la cripta de los Papas, ubicada en las catacumbas de San Calixto. El hallazgo de su tumba por el arqueólogo Giovanni Battista de Rossi en el siglo XIX confirmó que los restos del primer papa enterrado allí estaban acompañados de un epitafio escrito en griego, testimonio directo de su origen y de la fecha de su muerte.
Legado y relevancia actual
- Su festividad se celebra el 3 de enero, aunque pasa desapercibida en la mayoría de los calendarios populares.
- Representa el puente entre el cristianismo oriental y occidental, aportando una perspectiva cultural distinta al clero romano.
- Su ejemplo subraya la importancia de la documentación y la preservación histórica frente a la violencia que busca borrarla.
En una época en la que la veracidad de los hechos históricos a menudo se cuestiona, la figura de San Antero nos recuerda que la verdadera santidad también puede manifestarse en la defensa del recuerdo y en la resistencia silenciosa contra el olvido.

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